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Beach House

Beach House

Tras el cargamento de elogios recogidos por su ópera prima homónima -seguramente el disco más \'blogueado\' de 2006-, y una extensa y exitosa gira con los estupendos Grizzly Bear, la pareja formada por Alex Scally y Victoria Legrand vuelve a encandilarnos con su segundo trabajo, titulado \"Devotion\" (Bella Union, 08), a caballo entre space-pop, country folk, easy-listening y sonido Motown.

Durante el pequeño pero gran revuelo que significó \"Beach House\" (Bella Union/ Sinnamon Records, 06), llovieron las referencias evidentes a Mazzy Star, Galaxie 500, My Bloody Valentine, Spiritualized (y sus secuaces, Experimental Audio Research a la cabeza), Slowdive, Yo La Tengo (época \"...And Then Nothing Turned Itself Inside-Out\") o, más recientemente, Broadcast y Pram. Todos tienen en común con Beach House un sonido narcótico e hipnótico, que algunos ya han bautizado \'narco-pop\'. Y Beach House no han dejado de lado el envoltorio lo-fi que fue parte del éxito de su primer elepé y es intrínseco a su propuesta artística, sino que lo han afinado, consiguiendo un sonido suave pero denso, algodonoso pero preciso, delicado y único. Aquí están los habituales órganos y teclados analógicos (con los que también generan las partes rítmicas, ya que no usan beatboxes), slides acariciadas y una envidiable colección de reverbs, todo pasado por filtros hasta darles aquel inconfundible toque de fieltro. Los sintetizadores son un elemento fundamental en la música de Beach House, a la cual otorgan una tonalidad funeraria o sepulcral, al menos eclesiástica. Y encima de todo, la voz de Victoria, poseedora de ese deje perezoso tan convincente (falsa timidez, confiada languidez, sensual candidez... escoged la que más os guste), y que remite a las cuerdas vocales deliciosamente desafinadas de Nico (pero sin su rugosidad). Y es que Victoria no es nada menos que la sobrina de Michel Legrand, el celebre compositor francés de bandas sonoras, de las películas de Jacques Demy en especial, del que habrá heredado cierta pátina lounge-jazz y un savoir-faire melódico excepcional.

En la portada, Alex y Victoria posan en tête à tête alrededor de un pastel de boda que lleva inscrito el título del disco. No es nada gratuito, sino que forma parte de la coherencia estética del dúo, entre nostalgia de la infancia y fijación por los ritos cotidianos, desarrollando toda una metáfora alrededor del ámbito doméstico (\'hogar dulce hogar\'). Se muestran fascinados por las texturas \'vintage\' (maderas, tejidos, joyas y bisutería, papeles pintados...), los efectos de la luz, con una obsesión por las auroras boreales, cualquier tipo de vela, guirnaldas de bombillas, caleidoscopios, lentejuelas y purpurina, juegos de espejos...

Mientras su primer álbum funcionaba más como una colección de viñetas individuales, este nuevo disco destila su melancolía en continuidad, las canciones se enlazan con perfecta fluidez, enfatizando la sensación onírica, la de una duermevela crepuscular, de un letargo color sepia. \'Wedding Bell\' abre el disco como se debía: de forma ceremoniosa, instalando al oyente en la particular meteorología del álbum. \'Gila\' es el indiscutible -y tremendamente adictivo- hit del disco (con aquella escala de \'ohs\' que estremece), \'Holy Dances\' flirtea con la bossa-nova, \'All The Years\' con la exótica (tendencia hawaiana), \'Some Things Last A Long Time\' es una desgarradora versión de Daniel Johnston, \'Astronaut\' es una efectivamente ingrávida nana y \'Home Again\' la ideal despedida de un álbum sin fallos. \"There\'s this sound cloud that we\'re in\" (\"esta nube de sonido en la que estamos\"), decía Victoria Legrand en una reciente entrevista. Nada más cercano a la verdad: sus canciones envueltas en neblina configuran un microclima fuera del tiempo y de extraordinarias facultades balsámicas.

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