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12Twelve

12Twelve

Si el sonido pudiera definirse con mapas, la cartografía musical de 12twelve consistiría en un triángulo cuyos vértices marcarían los límites fronterizos de Tears, Complaints and Spaces: Montreal, Louisville y Chicago. O, dicho de otro modo, Norte, Este y Oeste de un disco donde la banda se encarga de dar forma a un Sur único, personal e intransferible. Desde el centro de ese triángulo, en una Barcelona imposible -la que habitaron los seminales Paperhouse y los prometedores Wig, de cuyas cenizas nacen 12twelve-, los autores de \"Tears, Complaints and Spaces\" dejan claro, en una primera y apresurada escucha, que son buenos oyentes además de excelentes músicos. Por los repliegues de los siete cortes que conforman su álbum de debut se aprecian trazas de lo mejor que nos ha legado la música rock en los últimos tiempos: mutaciones post-hardcore, flexibilidad vanguardista y un sentido épico y al tiempo orgánico de la lírica juvenil. Slint, June of 44, Godspeed You Black Emperor!... Louisville, Chicago y Montreal, decía.

Sin embargo, semejante puñado de referentes serviría de bien poco si su asimilación se empantanara en el mero plagio. No es ese el caso de 12twelve. Si los ingredientes de su sonido ya los elevan a la categoría de honor del rock español, es su sabiduría y buen gusto a la hora de cocinarlos lo que los convierte, definitivamente, en un nombre a considerar también por encima de los Pirineos.

12twelve saben separar el grano de la paja. Asimilan los logros de los demás y saben corregir sus carencias. Donde el post-rock perdió su fuelle inicial -ese punto sin retorno en que sucumbió a los excesos formalistas del progresivo, al uso recurrente y casi siempre injustificado de tics electrónicos, a la impostura intelectual que acabaría degenerando en pura asepsia-, 12twelve insuflan nervio, sangre y corazón. Donde el slowcore embarrancó definitivamente por culpa de un coma irreversible, 12twelve pisan el acelerador rebasando ese límite de velocidad tácito que estableció \"Spiderland\". Donde los motores del space-rock se apagaron por falta de combustible tóxico, 12twelve inyectan un inflamable preparado a base de furia, alcaloides y gasolina. Se mueven por territorios aún vírgenes en estos lares, y lo más sorprendente de todo es la naturalidad y convicción con que lo hacen.

Por todo ello es fácil adivinar que \"Tears, Complaints and Spaces\" será un disco de culto. Uno de esos extraños fetiches que, sea por casualidad o, en este caso, por la extraordinaria inteligencia de sus artífices, aparece en el momento en que más se le necesita en el lugar donde menos se lo espera.

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