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Manta Ray

Manta Ray

Con su nuevo disco \"Estratexa\", no sólo vuelven primitivos los asturianos, sino dispuestos a arrasar con todo. De una pieza, a mordiscos. Pegando patadas, demoliendo a piñón fijo. Pero no debería sorprender por parte de un grupo que nos tiene acostumbrados a la finta, al cambio de tercio, la inquietud constante y la evolución sin freno.

Ocho años de compromiso con ellos mismos y con una trayectoria inflexible dentro de la diversidad. Intervalo en el que han aprendido a asimilar y compartir (fuese con Corcobado y Diabologum o junto a Schwarz en el reciente \"Heptágono\") y donde decidieron no quedarse atrás sea en estudio o en sus innovadores directos. Y todo ello gracias un catálogo fornido cuyos momentos álgidos han sido sus últimos álbumes de estudio para Astro: \"Pequeñas puertas que se cierran, pequeñas puertas que se abren\" y \"Esperanza\".

Pero hoy es hoy. Y el presente es \"Estratexa\", o sea, \"estrategia\" en asturiano. Y nos lo dan de nuevo con Kaki Arkarazo (Fermín Muguruza, Anari, Chucho...) tras los mandos. \"Estratexa\" no es sólo rock contemporáneo. Porque, aunque las baterías no concedan descanso y las guitarras entren en combustión, aquí Manta Ray se acercan más al krautrock o a las coordenadas musicales del avant-garde sónico de las últimas décadas.

Desde el principio \"Take A Look\" da miedo con su ritmo marcial y su bajo en espiral, con sus gritos y con su claustrofobia, y la canción que titula el álbum no parece menos impulsiva: despega con un bajo saturado y una batería sin huecos, y se va desarrollando tensa hasta un final demoledor (no hace falta letra para captar el matiz). ¿Y no es \"Qué niño soy\" otro escupitajo atemorizante, una autocrítica enfrascada en himno post-hardcore, además del primer single del elepé? \"Asalto\" ataca como un martillo pilón, también instrumental, en el que las guitarras entran y salen dando coces, y \"Monotonía\" y \"Ébola\" lo dicen todo ya desde el nombre (la primera con voz gutural -y cerrojazos de algo que parece un bajo- forzando el carácter sexual de la enfermedad, y la segunda aplicándose a un rock\'n\'roll nervioso que ya quisieran para sí los \'nuevos\' grupos del \'nuevo rock\'). \"Another Man\" resulta ser un doble in crescendo de pesadilla que despeja la ecuación de ruido y melodía dejando al oyente sin respiración. Sólo en \"Añada\" -que se centra más en el ambiente y el decorado, y a la que no se le sublevan las revoluciones- y en el doblete final compuesto por \"Rosa Parks\" y \"Ausfahrt\" encontraremos un poco más de reflexión y búsqueda, un espíritu matemático más predispuesto al sonido y a la canción que al grito y la emoción epidérmica.

Porque aquí lo que hay es un take no prisoners en toda regla. Una negación rotunda a la distracción, y una producción en la que se intercalan teclados de frenopático entre mantos de distorsión, y viceversa. Rastros de la Alemania minimal entre zarpazos made in Washington D.C. Manta Ray siguen estando al frente, consiguiendo que en cada álbum obtengamos hallazgos, que en cada concierto las piezas muten y nos pillen por sorpresa. Aprendiendo y dando lecciones de clase. Moraleja: apártense de su camino, porque aplastan.

Manta Ray son: Nacho Álvarez, José L. García, Frank Rudow y Xabel Vegas.

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